Archivos para diciembre, 2010

Ves esos fuegos artificiales, son el resultado del trabajo duro de niños chinos.

 

Se acabó el año.

El 2010 fue un año de mierda, nada me sorprende. Y como será el 2011, bueno, todo indica que no diferirá de las tendencias existentes. Así que entréguense a las nefastas tradiciones venezolanas y  pasen un tedioso y miserable 31 de diciembre con sus seres “queridos”

No se hasta cuando seguiremos con esta farsa, estoy convencido de que la mayoría preferiría incluso recibir el año con diarrea en un baño sintonizando La Hojilla.

PD: Pensaba entregar una despedida de año algo más extensa, pero es tal la obstinación de las fechas decembrinas que sólo ha sido posible entregarle estas pesimistas palabras.

Saludos y Feliz 2010 2011

El Taxista

Publicado: diciembre 28, 2010 en Humor, No estoy loco, Reflexiones, Sociedad

Taxista adelante, peligro al doblarte

 

Pocas experiencias en la vida pueden provocar tales escalofríos como la anécdota que me atreveré a relatar en las siguientes líneas. Hechos que crean carácter y moldean personalidades frías y traumatizadas, que lamentablemente, terminan haciendo miserable la existencia de quienes los sufren.

Hace un par de meses,  me quede dormido y desperté una hora antes de mi clase. Quizás en un mundo paralelo donde los unicornios recorren las calles y avenidas de los barrios venezolanos hubiese  sido posible el llegar a tiempo tomando el bus, sin embargo los amargos hechos confirman que ni los unicornios existen ni los Uniceis, pistola en mano, llegarán velozmente a su destino. La solución parecía bastante obvia, arroparme y olvidar mis responsabilidades universitarias, o llamar un taxi. Haciendo uso de mi condición de ñoño estudioso,  me dispuse a bañarme y vestirme, y así servilmente donar 25 Bs al sector de los subempleados por excelencia de la economía nacional: Los taxistas

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Mis mocos son más viejos que tu.

 

Esta va a ser otra de mis actualizaciones flash, la razón, la escribí en el calor e inspiración del momento.

Soy Joven, bastante diría la mayoría, sin embargo los textos de biología me permiten  afirmar que ya queme la adolescencia y encaro actualmente una muy temprana adultez. Pero esa no es la temática del asunto, tan sólo hago la aclaratoria para evitar la muy común intervención del oligofrénico de turno que replica con notable desdén la siguiente frase y afines:

–          Chamo, pero tú todavía eres un carajito.

–          ¿Y tú crees que yo no lo sé, pendejo?

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Sorprende y causa impotencia la ingenua actitud de la sociedad civil ante los atropellos del régimen autoritario de Miraflores. Gente ilusa que piensa que con comentarios random y verborrea barata se boicotea una dictadura y se evita que día a día se disminuyan nuestras libertades. Más curioso resulta la pasividad de los mal llamados “líderes” de la contrarrevolución, que con argumentos más que demagogos, piensan hacer frente a la colectivización de los pensamientos del venezolano y a la violación del individuo.

La triste realidad, es que un HashTag o una enérgica condena pública no evitarán que los personeros del gobierno nos impongan su visión del país, ya las salidas a la situación no son representadas por la protesta, hacen falta manifestaciones más contundentes para derrocar el sistema imperante y restaurar las libertades, que a ciencia cierta el venezolano nunca ha gozado en plenitud.

Lo que propongo va más allá de una simple manifestación, va más allá de llenar una avenida de cabo a rabo, lo que les quiero comunicar esta noche es que los instrumentos necesarios para dar freno a la políticas represoras escapan de lo ordinario, se necesitan medidas verdaderamente subversivas que atenten contra el orden que se busca aplicar.

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Págame chamo, que estoy pelando bolas.

Muestras de orgullo nacional han sido observadas en los últimos días debido a la llegada del piloto venezolano a las pistas de la máxima categoría del automovilismo, cosa que, lamentablemente, confirma el hecho que todo dábamos por afirmado, pero que siempre el destino tiene un as bajo la manga para demostrarlo con más vehemencia: Al venezolano le encanta oír buenas noticias sin importar el trasfondo de las mismas.

Y es que no falta el estúpido onanista de turno que le duele que la gente le cante las verdades como son, y que en un catatónico estado de negación, se aferra a ilusiones de dragones voladores, bípedos dinosaurios morados y el falaz hecho de que Maldonado es la quinta esencia del automovilismo, cuando en realidad, tan sólo viéndole el rostro puedes deducir que ni siquiera sabe manejar sincrónico.

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