Mi opinión sobre la ley Anti-Tabaco

Publicado: junio 4, 2011 en debate, No estoy loco, Política, Reflexiones, Sociedad

Fúmense un cacho en protesta

Venezuela es un país lleno de inconsistencias morales e ideológicas. Si nuestros símbolos patrios estuvieran en mayor consonancia con nuestro comportar, en lugar de un caballo corriendo por la sabana una lapa en un chinchorro adornaría nuestro blasón. Ser testigo del reaccionar de la ciudadanía ante los atropellos de la clase política es un poema, si, un poema de Neruda Featuring Arjona: Pedorro, políticamente correcto y cliché.

Esta semana entró en vigor la Ley Anti-Tabaco. Uno llegaría a pensar que un “pueblo” que se rasga las vestiduras en nombre de la libertad y la democracia saltaría a defender el derecho de cada quien a consumir la sustancia contaminante de su preferencia. En lugar de ello, la ciudadanía no había sufrido un orgasmo tan fuerte como este desde la victoria de España en el mundial. Hecho que provocó que todos sacaran a relucir las credenciales que los identificaban como descendientes directos del secretario del sexto Capitán General de la Provincia de Venezuela Joaquín de Subillaga, por el año de 1799.

Si creen que quien les escribe es un experimentado consumidor de tabaco pues se equivocan. De hecho, puedo orgullosamente decir que nunca he colocado un cigarrillo en mi boca, hecho extraño si consideramos que si he fumado pipa, puros y que incluso un par de porros se han paseado por mis dedos, aunque este último no haya llegado a ser consumido por mi persona. Es más, usualmente el humo del cigarro común me provoca alergias que se pueden prolongar por días.

Para quienes creen que dicha medida atenta con los derechos del fumador, pues déjenme decirles en criollo que están pelando bolas. Los fumadores no tienen derechos, no más que tú o yo, su condición de consumidores no los pone por encima ni por debajo de quienes nos abstenemos, de hecho, si bien la ley les limita su consumo, no se los prohíbe como tal (al menos por ahora). El verdadero atentado se da nuevamente contra la propiedad privada.

La presente normativa le da una patada en las bolas la libre disposición de la propiedad. Si eres dueño de una discoteca/bar/Restaurant y es tu voluntad el permitir el consumo de cigarrillos pues las sanciones van desde las 12 hasta las 2500 unidades tributarias. Si realizaste la inversión para crear área de fumadores y no fumadores, pues te toca llorar al valle. Sin implementación de la ley, ya existían lugares que vetaban el fumar pues sus dueños valoraban más al público no fumador que al fumador. Otros tantos sitios no eran restrictivos con el consumo, pero después de todo, cada quien es libre de entrar al lugar de su preferencia bajo su responsabilidad y consentimiento.

Hagamos un ejercicio, supongamos que no existe jurisdicción en lo referente al consumo de tabaco en espacios cerrados y visualicemos los siguientes escenarios:

–          Lugar donde se permite el consumo: Aquel que le moleste el humo, pues es libre de retirarse o de notificar al fumador su molestia (es posible que lo apague o se distancie), mientras que el consumidor es libre de contaminar sus pulmones y los de aquellos que con su presencia aceptan la voluntad del propietario del lugar.

–          Lugar donde NO se permite el consumo: Los asistentes al lugar son libres de reclamar a aquel que se atreva a violar los designios del dueño del establecimiento y pedir que se retire bajo amenaza de denuncia con el gerente.

Sin intromisiones del estado, sin violar la propiedad privada y mejor aún, fomentando las buenas costumbres y poniendo en práctica los buenos modales. Siempre que dudes, mayores libertades es la respuesta.

Desde hace años se ha obligado a las tabacaleras a colocar advertencias contra el consumo de cigarro. Fetos desangrándose, escuálidos pulmones y penes flácidos se cuentan entre las gráficas que ocupan la parte trasera de las cajetillas, y sin embargo, los consumidores se cagan en eso, se mean sobre la advertencia y acaban sobre el cadáver del no-nacido. Eso pone muy claro las cosas, los fumadores asumen su responsabilidad sobre su cuerpo ya que ellos y sólo ellos, pueden disponer y velar por la integridad de su humanidad.

Esta medida no provocará un descenso en el consumo general de tabaco, sólo hará menos común el consumo en sitios públicos, causará el aumento de la ansiedad en los fumadores y una muy posible contracción en los ingresos de los lugares donde se hacía habitual el consumo (discotecas y bares). Ninguna ley evitará el consumo, sólo la educación en el hogar puede prevenir el vicio en los jóvenes y adultos.

La cereza sobre el pastel la pone el dueño, payaso y mono principal del circo quien publicó en su Twitter: “¡Venezuela, libre de humo! ¡Vamos todos y todas a sumarnos a esta campaña contra el tabaquismo! ¡No al cigarro! ¡Vamos a vivir sanos!”. Cosa que resulta bastante risible saliendo de la boca de alguien que admitió públicamente el consumo de hoja de coca.

No voy a discotecas, y mucho menos a bares (no consumo alcohol desde hace más de tres años) por lo que no me veo beneficiado de ninguna manera por entrada a vigor de esta ley. Quizás lo único que me alegra de la medida es que ahora los visitantes habituales de estos lugares, especialmente aquellos que apoyaron la medida, se van a tener que calar el olor a mierda, orina y puta barata anteriormente disfrazado por el aroma del buen cigarrillo.

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