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El parecido es innegable

 

Henrique se para a las 6am todos los días. Va a al baño, mea, se estira y repite cual mantra tres veces frente al espejo: “Soy bello, y Leopoldo está cada día más feo” Sonríe y se le cae un mechón de pelo. Se baña, se pone sus interiores rojos y llama a su pana Ismael, señal inequívoca de reconciliación y madurez política. Se amarra la capa, rompe una ventana que obstaculizaba su vuelo, y antes de llegar a su despacho, repara el microondas de la abuela y rescata a un cachorrito del Guaire. Así comienza el día de quienes muchos llaman próximo presidente de la república. Al menos en la cabeza de quienes le creen invencible.

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Debo admitirlo, y es que después de varios años de lucha anti-socialista, la debilidad de la carne prevalece sobre la fortaleza ideológica de cualquier individuo: Tengo una inclinación del tipo sexual por Eva Golinger.

Será quizás su actitud paranoica o tal vez su marcado acento americano, no lo sé, el meollo del asunto es que cada vez que la veo alertando acerca de los supuestos planes imperialistas contra el gobierno venezolano, ese instinto animal por preservar nuestra especie se enciende en mi persona y no puedo evitar el pensar en hecho sugerentes.

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Las corridas de Toros

Publicado: noviembre 17, 2010 en Humor, Política, Sociedad, soy planetario

Fig 1. Gobierno Bolivariano violando al individuo

 

A propósito de la llegada de las épocas feriales a la ciudad de Maracaibo, quisiera dedicarle unas pocas líneas a un tema algo más que recurrente en estos últimos tiempos: Las Corridas de Toros.

Numerosas son las manifestaciones en contra de esta actividad buscando su prohibición, sin embargo, en la opinión de este humilde servidor, todos esos esfuerzos resultan fútiles bajo una certera y axiomática afirmación:

La Prohibición no evita estos hechos.

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Desde hace un par de días he estado discutiendo con un prospecto de dictadorcillo de16 años en un conocido foro de músicos de habla hispana. Ni yo mismo he podido creer el que me haya rebajado a tal práctica, pero ha resultado tan singular la habladuría barata del personaje en cuestión que me sentí inclinado a responderle y replicarle cuantas veces fuese necesario, hasta que llegó el fatal comentario.

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